Albaricoques

[…] Más tarde, otra generación había plantado frutales que, a su debido tiempo, extendieron anchamente sus ramas sobre los ladrillos de color rojo anaranjado, erosionados por la interperie. La señora Sands afirmaba que el año había sido bueno cuando podía preparar seis botes de mermelada de albaricoque -los frutos de aquellos árboles jamás llegaban a ser suficientemente dulces para servilos como postre-. Quizá pudieran proteger tres albaricoqueros con muselina. Pero eran tan bellos aquellos frutos desnudos, con una mejilla sonrosada y la otra verde, que la señora Swithin los dejaba desnudos y las avispas los agujereaban.

Entre Actos, de Virginia Woolf (traducción de Andrés Bosch).